martes, 17 de abril de 2012

JUEGOS DE PALABRAS

Para entender bien lo que es un juego de palabras, nada mejor que algunos chistes. Este documento está elaborado en colaboración a mediante un documento compartido en Google Docs.

GREGUERÍAS

Hemos leído sobre las greguerías y los juegos de palabras. Estas son las greguerías de Ramón Gómez de la Serna que han sido seleccionadas por los alumnos. Además todos han realizado una escritura colaborativa a través de un documento compartido en Google Docs.

martes, 10 de mayo de 2011

FÁBULA: El látigo

La madre de un muchacho campesino
ganaba de comer hilando lino,
y el muchacho, grandísimo galopo,
le hurtaba una porción de cada copo.
Juntando las porciones, fue tejiendo
un látigo tremendo, con la villana idea
de pegar a los chicos de la aldea.
Los ocios del amigo no eran buenos;
la intención, por lo visto, mucho menos.
Diose a pelar la rueca tanta prisa,
que hubo la madre de notar la sisa,
y registrando con afán prolijo el arca
donde el hijo guardaba con su ropa sus peones,
el látigo encontró de repelones.
Cogiole furibunda,
y al muchacho le dio tan larga tunda,
que a contar de las piernas al cogote,
no le dejó lugar libre de azote,
diciendo, al batanarle de alto a bajo:
-¡Mira cómo te luce tu trabajo!
A robar te llevó tu mal deseo,
y con el robo yo te vapuleo.

Siempre verás que el vicio
se labra por sus manos el suplicio.

(Hartzenbusch)

FÁBULA: Los viajes

Un pescador, vecino de Bilbao,
cogió, yo no sé dónde, un bacalao.
_¿Qué vas a hacer conmigo?
( el pez le preguntó con voz llorosa).
El respondió: --Te levaré a mi esposa;
ella, con pulcritud y ligereza,
te cortará del cuerpo la cabeza;
negociaré después con un amigo,
y si me da por ti maravedises,
irás con él a recorrer países.
--¡Sin cabeza! ¡Ay de mí! (gritó el pescado)
y replicó discreto el vascongado:
--¿Por esa pequeñez te desazonas?
Pues hoy viajan así muchas personas.

(J. E. HARTZENBUSCH)

FÁBULA: La zorra y el cuervo

Subido a un árbol sujetaba el señor cuervo con su pico un rico queso. Y la señora zorra, atraída por el olor, le habló de esta manera:

- Buenos días, señor cuervo. ¡Qué bello sois y me lo parecéis!. Si vuestro canto fuese igual a vuestras plumas sin mentir os digo que seríais el fénix de cuantas aves viven en los bosques.

Oyendo el cuervo tales palabras, desbordado de alegría, abre el pico para lucir su hermosa voz, dejando caer el queso. Lo atrapa la zorra y le dice:

- Sabed, señor cuervo, que todo adulador es un parásito de aquel que sin más lo escucha. Esta lección bien vale el queso.

Avergonzado, juró el cuervo, aunque algo tarde, que jamás volverían a engañarlo.

(Jean de la Fontaine)

FÁBULA: La lechera

Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
¡Yo si que estoy contenta con mi suerte!
Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre le ofrecía
inocentes ideas de contento.
Marchaba sola la feliz lechera,
y decía entre sí de esta manera:
"Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
merodeen cantando el pío, pío"
"Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino;
tanto que puede ser que yo consiga
ver como se le arrastra la barriga"
"Lo llevaré al mercado:
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que salte y corra toda la campaña,
hasta el monte cercano a la cabaña".
Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.
¡Oh loca fantasía!,
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría;
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre tu cantarilla la esperanza.
No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna;
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.


No anheles impaciente el bien futuro:
mira que ni el presente está seguro.

(Felix María de Samaniego)